

Incluso una breve mirada al smartphone mientras se conduce equivale a conducir a ciegas. Según el Consejo Alemán de Seguridad Vial, leer o escribir un mensaje durante solo dos segundos supone 28 metros de distracción a 50 km/h y 55 metros a 100 km/h. En 2023, 977 personas en Alemania resultaron heridas en accidentes relacionados con distracción por smartphone, de las cuales 197 de gravedad y 20 fallecieron. En EE.UU., la NHTSA informó de 3.308 muertes en 2022 causadas por conductores que usaban el móvil. La RoSPA británica advierte que utilizar el móvil multiplica por cuatro el riesgo de accidente, y la Royal Society for the Prevention of Accidents (RoSPA) estima el coste económico de un solo accidente mortal en 1,8 millones de libras.
Está claro que hay que tomar medidas, pero ¿cómo? ¿Son las leyes la solución?
Leyes contra el uso del móvil al volante
La legislación que prohíbe este comportamiento peligroso es una base importante, pero por sí sola no basta para resolver el problema. Buena muestra de ello es el frecuente incumplimiento de las leyes que prohiben el uso del móvil al conducir. Las estadísticas recientes indican, por ejemplo, que una de cada cuatro personas reconoce hacer o recibir llamadas mientras conduce, una cifra que aumenta al 49 % entre los conductores jóvenes, de entre 17 y 24 años.
La razón de este bajo cumplimiento de la normativa contra el uso del móvil al volante es que es muy difícil, casi imposible, hacerla valer mediante métodos tradicionales, es decir, con agentes de policía. Haría falta muchísimos recursos humanos y resultaría muy costoso.
El resultado es una falta de control efectivo y generalizado, y las leyes que deberían garantizar la seguridad vial se quedan en meros papeles sin efecto.
Efecto disuasorio y cambio en las normas sociales
Sin un control efectivo, falta algo fundamental: el efecto disuasorio. El temor a las consecuencias es un potente estímulo para obedecer la ley. Sin embargo, si las posibilidades de ser sancionado son prácticamente nulas por la falta de vigilancia, desaparece ese efecto. Por ello, la población no se toma en serio las leyes, lo que anima a cada vez más conductores a infringirlas y usar el móvil conduciendo.
Esto también provoca una nula influencia en las normas sociales. Actualmente, usar el móvil al volante se percibe más como una conducta inapropiada que como una ilegalidad peligrosa. Un control generalizado puede fomentar un cambio de percepción y de comportamiento a largo plazo.
Por tanto, la gran pregunta es cómo llevar a cabo una vigilancia efectiva y viable.
Detección automática del uso del móvil
Ya se ha demostrado que los principales desafíos a la hora de hacer cumplir las leyes contra el uso del móvil son las limitaciones presupuestarias y la escasez de personal. Esto subraya la necesidad de estrategias eficaces de vigilancia que funcionen de manera independiente de los recursos humanos, incluso reduciendo la carga de trabajo. Una solución que ya está preparada para afrontar este reto es el uso de tecnología avanzada. Combinando cámaras sofisticadas y software basado en IA, las infracciones por uso de móvil durante la conducción pueden detectarse y registrarse de manera completamente automática. Y dado que estos sistemas pueden integrarse en la infraestructura vial existente, por ejemplo, instalándolos en postes, su aplicación no es un sueño del futuro sino una posibilidad real a corto plazo.
Además, los sistemas también pueden detectar si el conductor no lleva puesto el cinturón de seguridad, lo que combate otra conducta peligrosa. Llevar cinturón reduce el riesgo de lesiones mortales al menos en un 50 %. Y aproximadamente uno de cada cuatro conductores o pasajeros fallecidos en accidente de tráfico no llevaban el cinturón puesto o no lo llevaban correctamente.